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Inteligencia emocional y cociente intelectual (I)

Hace ya algunos años, cuando todavía no había oído hablar nunca sobre la Inteligencia Emocional (IE), me preguntaba aún siendo muy jovencita, como era posible determinar la inteligencia de una persona por ejemplo que no tuviese estudios formales.

Es decir, cuando de pequeña me hicieron alguna vez un test de cociente intelectual, y me hicieron varios cuando iba al colegio, yo siempre tuve la curiosidad de cómo dichos test podían medir la inteligencia de todo el mundo.

Sin ir más lejos, tenía un ejemplo en casa; mi padre fue un hombre que no tenía estudios reglados ya que vivió su infancia en la post guerra civil española, y no había podido ir al colegio más que algún día aislado cuando hacía mal tiempo y no podían trabajar en la campo.

Sin embargo fue un estudioso auto-didacta, y sus conocimientos generales eran bajo mi punto de vista amplísimos cuando yo era pequeña, y cuando crecí sus conocimientos culturales seguían siendo importantes, porque sobre todo era una persona a la cual le gustaba leer y cuando tenía alguna duda o curiosidad recurría a los libros que habían comprado en casa para nosotros.

Con frecuencia cuando no estaba trabajando, podía verlo con un tomo de alguna enciclopedia en la mano, y tenía una memoria fantástica, sabía historia con las fechas de los acontecimientos más importantes de la Contemporánea, sabía geografía, y tenía una cultura general que a más de uno nos gustaría tener.

Pues bien, retomando esto de la inteligencia, yo siempre consideré a mi padre un hombre inteligente y culto, pero seguramente no superaría ningún test de cociente intelectual, porque sus conocimientos no eran de lógica, ni de matemáticas, sus conocimientos eran vivenciales. Tenía una inteligencia natural para interactuar con su entorno, y una inteligencia emocional que le permitía tener una fácil comunicación con todo aquel que se acercaba a hablar con él.

Y resulta que ahora después de haber guardado esa curiosidad en mi subconciente, encuentro la respuesta en el estudio de la Inteligencia Emocional, y en el reconocimiento de los científicos que muchas de las personas con cocientes intelectuales más elevados (mayor de 150) resulta que no son tan inteligentes como les habían hecho creer.

¿Que pasó con su inteligencia?

La investigación realizada a nivel mundial por The Consortium for Research on Emotional Intelligence in Organizations, arrojó un resultado sorprendente y vinculado a nuestro Cociente de Éxito: el mismo se debe un 23% a nuestras capacidades intelectuales, y un 77% a nuestras aptitudes emocionales.

¿Por qué algunas, con alto coeficiente intelectual y que se destacan en su profesión, no pueden aplicar esta inteligencia en su vida privada, que va a la deriva, del sufrimiento al fracaso?

 

La Inteligencia Emocional se puede cultivar

  • Trabaje la empatía, ábrase a los demás. Obsérveles y escuche. Fíjese en sus gestos, en su mirada, en su forma de hablar. Aprenda a sentir lo que ellos sienten.
  • Cultive el autocontrol, pero sin suprimir las emociones. Observe y analice hasta qué punto esos sentimientos son eficaces para algo. O si le hacen daño.
  • Analice sus tensiones e instintos. Sin reprimirse, ponga orden y canalícelos.
  • Rebobine. Después de una discusión o de un día triste, pregúntese por qué. Si su reacción fue proporcionada, si merecía la pena haberse comportado así, …
  • Busque oportunidades para reir. La risa y el buen humor nos hacen más felices. Y, además, parece que alargan la vida.
  • El placer ayuda a vivir mejor las emociones. Búsquelo. Los instintos reprimidos dan lugar a agresividades desplazadas.
  • El mundo no se acaba hoy ni aquí. En situaciones graves o dramáticas, mire hacia detrás (recuerde momentos de plenitud, todos los hemos vivido) y hacia delante (vendrán más). Sobran los motivos para luchar. Un sólo instante de felicidad, aunque sea dentro de un año, merece el esfuerzo que seamos capaces de hacer ahora.