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Desde la ansiedad hacia la calma.

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desde la ansiedad a la calma

La distancia entre la rutina acelerada, el estado ansioso y la calma, es la distancia entre tu respiración y tu mente.

Experiencias vitales que he vivido y que comparto contigo.

Cada día evitas los momentos que te ayudarán a calmar tu mente pensando en que ya no tienes tiempo para añadir más actividades en tu vida que las que ya tienes y te sientes colapsado.

Y resulta que la distancia entre el colapso y la calma es más pequeña de lo que imaginas.

Seguro que esto te suena extraño, tu ya sabes todo lo que tienes que hacer para gestionar tu estrés, aunque una cosa es lo que sabes y otra muy distinta lo que haces.

Habrás visto infinidad de recomendaciones como éstas:

  • Comida saludable.
  • Equilibrio entre trabajo y vida personal
  • Actividad deportiva moderada 2 o 3 veces por semana.
  • Relaciones sociales y de amistad que te ayuden en los momentos más duros.
  • Relaciones saludables con tu pareja o familia.

Y una multitud de recetas.

Y yo me pregunté muchísimas veces cuando leía estas propuestas lo siguiente:

Si pudiera hacer todo eso seguro que no tenía tanto estrés como el que tengo.

¿Y tú no lo has pensado alguna vez.?

Bueno, si esas recetas no las ves posibles, yo te voy a proponer algo más sencillo y cercano.

“Tu Respiración” como fuente calma.

La respiración es la fuente de la vida, aunque no toda la respiración nos lleva a la salud.

Hay una relación directa entre nuestro estado emocional y nuestro ritmo respiratorio.

Puedes pensar que esto es así y que no tienes nada que hacer, pero te aseguro que sí puedes hacer algo que está a tu alcance para mejorar desde tu respiración tu estado nervioso.

Hace algunos años (no voy a decir cuantosssss) yo había empezado a prepararme para profesora de yoga, y a la vez estaba estudiando informática.

Estabamos en época de exámenes y una compañera entró en un estado de angustia, se sentía mal, estaba llorando, hiperventilando y cada vez la cosa se ponía peor.

Desde mi inconciencia y ganas de ayudarla a calmarse, le propuse un pequeño gesto y ella me hizo caso.

Le pedí:

“Siéntate con la espalda recta, tapa la fosa nasal derecha”, y respira suavemente, tan suave y cómoda como puedas”

Al cabo de pocos minutos, había dejado de llorar, ya no hiperventilaba y comenzó a tranquilizarse.

Esa fue mi primera experiencia práctica con el poder de la respiración para calmar la mente.

Algunos años después, siendo ya profesora de yoga y de mindfullness, tuve otra ocasión también muy intensa con otra persona que asístía a una clase individual.

En este caso era un varón, jóven que asistía semanalmente a una clase.

Aquel día llegó y su cabeza rapada estaba empapada, su camisa también estaba visiblemente mojada de sudor.

Me dijo que venía un poco acelerado, pensando que no llegaba a tiempo.

En ese momento le propuse que se sentara.

Le di unos momentos para que adoptada una postura cómoda con la espalda erguida y le pedí:

“Coloca tus manos sobre el abdomen, dirige tu atención a tus manos y observa si sientes que se mueven……”

Pasado unos momentos, él observaba el movimiento de sus manos, y yo observaba que cada vez se hacía más evidente el movimiento de su respiración a nivel abdominal.

Continué dandole indicaciones para establecer un ritmo de respiración lento que le fuese cómodo y así continuó la clase.

A los pocos minutos, ya era evidente que no sudaba como cuando llegó.

En realidad el sudor no se debía a su prisa, sino al estado ansioso en el que se encontraba.

Terminó la clase, y se fue.

En ningún momento mencionamos el estado de ansiedad con que había entrado en la sala, pero era evidente que ambos sabíamos el enorme cambio que se había producido durante las prácticas realizadas.

Esa misma tarde, recibí un mensaje en el teléfono y decía:

“No sé lo que hicimos en clase, estaba tan acelerado que no me dí cuenta de lo que estaba pasando, pero el cambio ha sido radical. Gracias”

¿Por qué te cuento esto?, es posible que te lo estés preguntando.

Te lo cuento para que puedas conocer cómo la respiración puede ayudarte a calmar la mente aún en estados de gran ansiedad.

Y porque creo que si te apetece intentar hacer algún ejercicio de respiración, prodrás comprobarlo por tu propia experiencia.

Eso no significa que no hagas otras cosas que te ayuden a gestionar mejor la sensación de agobio y ansiedad que te produce el ritmo acelerado, o el estar pendiente de que todo esté bajo control.

Pero tu respiración es como un botón de emergencia que puedes utilizar en momentos críticos.

A partir de ahí, todas las demás actividades que te ayuden a destensionar tu cuerpo y tu mente son ya una cuestión de salud que tú decides implementar o no en tu vida cuando lo consideres.

Bueno, si tienes alguna experiencia sobre el impacto que la respiración produce en tí, me encantará leer tus comentarios.

Puedes acceder a ejercicios prácticos en el canal de universoyoga youtube

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