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¿Tener ansiedad hace que aumente el apetito?

Ansiedad o apetito

¿Tener ansiedad hace que aumente el apetito?

La verdad es que esta es una pregunta que me hacen muchos alumnos y lectores, por lo que cuando Alejandro Vera especialista en psiconutrición me dijo que quería colaborar con nuestra web, fue la primera pregunta que le trasmiti y que él amablemente con sus conocimientos nos lo va a explicar.

Seguro qué has oído hablar muchas veces del término “hambre emocional” o “comer emocional”, pero, ¿sabemos realmente que es esto? ¿podemos diferenciarlo del hambre o el apetito normal?

Mi nombre es Alejandro y soy especialista en psiconutrición, por esta razón, trabajo mucho con personas que tienen algún tipo de problema en relación con la comida. Hoy quiero hablarte del atracón.

Sobre el hambre emocional

Cómo te decía anteriormente, seguro que has oído hablar en alguna ocasión sobre el hambre emocional, pero pienses, ¿y eso que es?, o qué incluso dudes de su existencia.

La realidad es que la mayoría de personas comemos de esta manera, sin embargo, sólo unas pocas reconocen en sí que debe haber algo dentro de ellas, que no es hambre y qué les lleva a comer de manera descontrolada.

Este reconocimiento ocurre cuando el problema se agrava, ya que la persona puede verse dándose atracones interminables y sintiéndose incapaz de conseguir sus objetivos.

Sin embargo, muchas personas que no sufren sobrepeso o que no están preocupadas por su cuerpo, es posible qué, aunque coman de esta manera, no le den importancia al asunto. En la mayoría de casos, esto sucede porque se suele confundir con el apetito.

¿Qué es el apetito?

El apetito es una señal neurológica, donde nuestro cerebro tras comunicarse con nuestro sistema digestivo, saca la conclusión de que nos encontramos faltos de energía y manda una señal de aviso a nuestra consciencia para que nos alimentemos.

Evidentemente, las personas no nos lo contamos de esta manera, simplemente sentimos las ganas de comer y lo hacemos. Sin embargo, no siempre que sentimos ganas de comer es por apetito. Mejor dicho, porque nos encontremos faltos de energía.

El acto de comer es muy psicológico y la forma en que lo hacemos, tiene mucho que ver con lo que hemos aprendido. ¿Qué hacían tu madre o tu abuela cuando tenías un mal día en el colegio?

Seguramente, una de las opciones fuese darte de comer o prepararte algún plato que te gustase. Culturalmente, utilizamoss la comida para premiar, para consolarnos, étc. Esto no es algo que sea necesariamente malo, como te decía anteriormente, todos comemos de manera emocional y no es algo que debemos endemoniar.

Se trata más bien, de ser conscientes de ello y que tengamos cierto poder de gobernarnos. Yo mismo, cuando tengo un día agotador en el trabajo me puedo conceder comprarme una tarrina de helado. Lo sé y me lo permito. El problema comienza cuando esta parte comienza a coger autonomía y decide sin contar con nosotros.

¿Cómo puedo diferenciar el apetito del hambre emocional?

Realmente no es tan difícil diferenciar lo uno de lo otro, la mayoría de personas que no pueden hacerlo, generalmente se debe más a un problema de atención que de dificultad real para discriminar ambas sensaciones.

El hambre “real” duele. Lo sentimos en el estómago y no nos propone un tipo de alimento en concreto. Se va abriendo progresivamente en nosotros, de manera qué no es algo urgente o impulsivo.

Por el contrario, el hambre emocional es justo al revés. Podemos estar tan tranquilos y qué de repente, nos entre una urgencia o necesidad apremiante de comer. Por lo general, pensaremos en alimentos ricos en hidratos de carbono, azúcar u otros.

Esto se debe a que este tipo de alimentos aumentan los niveles de adenosina, es decir, activan el sistema parasimpático (relajación). Por otro lado, comer alimentos ricos en grasas o que tengan un sabor muy atractivo produce placer. Cuando sentimos placer segregamos endorfinas, las cuáles a su vez, nos relajan y evaden de la realidad.

En cierto modo, es lo mismo que le ocurre a la persona con drogadicción. El consumo de sustancias provoca placer y la posibilidad de evasión. Esto es lo que en psicología llamamos regulación emocional.

Cuando nos sentimos tristes, cansados, frustrados, étc, resulta cómodo poder “desconectarse”. Esto es para lo que sirve la alimentación emocional. Además, cuando comemos desviamos nuestra atención de aquello que nos pasa hacia un elemento externo: la comida.

Diferenciar ambas sensaciones en el cuerpo

Mientras que el apetito suele aparecer de forma evidente en el estómago, el hambre emocional puede aparecer en diferentes partes del cuerpo y bajo sensaciones más difusas. Lo más habitual es sentirlo en la garganta o en el pecho, ya que estas son las zonas más proclives para experimentar ansiedad y angustia.

Sin embargo, podemos sentirla en cualquier otra parte. Un paciente que vi hace un tiempo, me contaba que la sentía en la espalda.

Además, cuando comemos para calmar el hambre real no nos sentimos culpables ya que entendemos que estamos haciendo algo que es bueno para nosotros. Cuando comemos de manera emocional sí que se suele experimentar sentimiento de culpa, ya que esto va en contra de lo que queremos hacer y además lo interpretamos como una señal de falta de autocontrol.

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